noviembre 16, 2023

Lo Hizo Por Amor

Introducción
En la ciudad de Chicago, una noche de invierno soplaba un fuerte viento. Un niñito, vendía periódicos en un rincón, tratando de guarecerse del frío inclemente.
De pronto vió a un policía y le preguntó: Señor, ¿conoce usted algún refugio dondeun niño pueda dormir esta noche? Normalmente duermo en una caja de cartón que guardo en el callejón, pero es que esta noche hace demasiado frío y me gustaría estar en un lugar cálido. El policía miró al chico y le dijo: “Baja por esta calle, hasta una casa blanca, toca la puerta y cuando te abran solo tienes que decir: Juan 3:16 y te dejaran pasar.

El niño obedeció, llegó a la casa y tocó a la puerta. Una gentil señora, abrió la puerta, el niño la miró y le dijo: Juan 3:16. Pasa hijo mío, dijo la señora. Lo tomó de la mano y lo sentó en una mecedora cerca de una vieja chimenea que estaba encendida. Cuando la señora salió de la habitación el chico no sabía que pensar: La verdad es que no entiendo eso de Juan 3:16, pero en verdad puede hacer que un chico se caliente en una noche fría.

Al rato, la señora regresó y le preguntó al chico si quería comer algo. Un pancito no me vendría mal, hace días que no como, respondió. La señora tomó al niño de la mano, lo llevó a la cocina y lo sentó en una mesa llena de exquisitos manjares. El chico comió hasta saciarse y entonces pensó: La verdad es que no entiendo a Juan 3:16, pero lo que está claro es que llena un estómago hambriento.

Al terminar, la señora tomó al chico de la mano y lo llevó al baño, donde lo esperaba una tina llena de agua tibia y perfumadas burbujas. Mientras el chico se sumergía en la tina, pensaba: La verdad, es que cada vez entiendo menos a Juan 3:16, pero ya sé que este puede dejar bien limpio a un chico sucio. En realidad, yo nunca había tomado un baño en toda mi vida. El único baño que recuerdo, fue la vez que me metí debajo del hidrante de los bomberos, un día que estos lo abrieron y dejaron caer el agua por la calle.

La señora regresó por el chico, lo llevó a una habitación, lo vistió con un pijama y lo acostó en una inmensa cama con una almohada de plumas. Lo cubrió con una
espesa colcha, lo besó y le deseó dulces sueños, apagó la luz y salió. El chico, bien abrigado en la cama, veía a través de la ventana como caía la nieve y pensó: La verdad es que Juan 3:16 puede hacer que un chico cansado pueda descansar.

En la mañana siguiente, la señora regresó con ropa limpia y lo llevó ante la misma mesa de la noche anterior, llena de ricos manjares para el desayuno. Después de comer, la señora lo sentó en la misma mecedora de la noche anterior y tomó en sus manos una vieja Biblia. Se sentó frente a él, lo miró a los ojos y con una dulce voz le
dijo: ¿Conoces Juan 3:16?

No señora, anoche fue la primera vez en mi vida que oí sobre él, cuando el policía me dijo que se lo dijera a usted. La señora abrió la Biblia, en Juan 3:16 y comenzó a explicarle acerca de Jesús. Ahí, frente a esa vieja chimenea, el chico entregó su corazón y su vida a Jesús, al tiempo que pensaba: Juan 3:16, quizá no lo entienda, pero hace que un chico perdido se sienta seguro, se sienta amado.

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a
su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se
pierda, mas tenga vida eterna”. Juan 3:16.

Este versículo es uno de los versículos más citados de la Biblia. Y esto con mucha razón, porque en este versículo está contenido el mensaje del evangelio. Es más, podemos decir que tenemos en este versículo el resumen del mensaje de toda la Biblia. Por eso Martín Lutero lo llamaba: La Biblia en miniatura. De qué nos habla este versículo, nos habla de por los menos cinco cosas medulares: nos habla del Gran Amor del Padre, nos habla del Gran Regalo del Padre. De la Gran Invitación, de la Gran Liberación y de la Gran Posesión que Dios desea otorgarnos.

Veamos cada uno de estos cinco asuntos.

1. “PORQUE DE TAL MANERA AMÓ DIOS AL MUNDO”. EL GRAN AMANTE

La Palabra de Dios señala una y otra vez que Dios el padre nos ama con un amor eterno.

1 Juan 4:8. El que no ama no conoce a Dios porque Dios es amor.
Jeremías 31:3. Con amor eterno te he amado
Romanos 5:8. En que siendo aún pecadores Cristo murió por nosotros.

A. El amor de Dios está decidido a todo.

No tenemos idea de la intensidad con la cual Dios desea ganar nuestro corazón. No se reserva absolutamente nada, ni los ángeles, ni el Espíritu Santo, ni su propia vida en su afán de conquistarnos de nuevo. Todo el cielo se volcó hacia la tierra para amarnos.

B. El amor de Dios es persistente.

No hay nada que nosotros hagamos, que sea capaz de hacer que Dios deje de
amarnos.
Podemos ignorarlo día tras día, podemos rechazarlo o negar que existe, podemos burlarnos de él, ridiculizarlo y maldecirlo, podemos sentirnos avergonzados de él, podemos huir de él y entregarnos en manos de su peor enemigo, podemos desafiarlo y describirlo ante los demás como un Dios severo, implacable o indiferente, podemos dejarlo totalmente fuera de nuestra vida o culparlo de todos
los males que ocurran en nuestra existencia y en el mundo.

Podemos azotarlo hasta que brote la sangre, escupirlo y clavarlo a una cruz, y burlarnos de él mientras muere por el quebranto de su corazón.

Podemos hacer todo eso. Pero hay una cosa que jamás podremos hacer, y es que deje de amarnos. Eso, Jamás.

C. El amor de Dios toma la iniciativa.

Dios no espera a que nosotros le amemos. “Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero. (1Juan 4:19).

Él toma la iniciativa de buscarnos cuando hemos pecado. (Génesis 3:8-10).

Me alegro que el Pastor no esperó que la oveja perdida encontrara por sí sola el camino de regreso. Él salió a buscarla. Él nos encuentra a nosotros, no nosotros a Él.

D. El amor de Dios es para siempre.

Una vez que Dios comienza a amar a alguien, jamás deja de hacerlo. Su amor por nosotros nunca fallará ni se acabará. Y estoy seguro que, si escogemos ser destruidos para siempre en vez de gozar por la eternidad en su presencia, todavía seguirá amándonos.

Cristo entregó una vez su vida por todos los seres creados que finalmente se pierden, porque los amaba. Amaba a Caín, amaba a Judas. Aún la destrucción final de Satanás causará mucho dolor y tristeza al corazón de Dios. Él no quiere que ninguno se pierda.

E. El amor de Dios nos ama sin reparos.

Todos anhelamos ser amados. Todos nosotros necesitamos ser amados. Todos sentimos hambre de amor.

Pero vivimos en un mundo que para amar establece muchas condiciones. Si soy bien parecido, quizá me amarás, si te atiendo y te divierto, quizá me amarás, si te amo a ti, quizá tú me ames a mí.
Cristo nos ama sin condiciones. Nos ama, aunque no tengamos nada, aunque hayamos fracasado. Nos ama, aunque nuestra apariencia exterior no tenga nada de atractivo. Nos ama no importa cuántos pecados hayamos cometido. Nos ama no por lo que hagamos o por lo que poseamos, sino simplemente por ser quien somos.

F. El amor de Dios es personal.

Cuando nació nuestra primera hijita, yo creía que nunca sería capaz de amar tanto a otro niño como la amaba a ella. Pero después nació su hermanito y tuve la placentera sorpresa de comprobar que mi amor por el segundo era en todo tan grande como el que sentía por la primera. No los amo como grupo sino personalmente.

Amigo mío, Dios tiene tiempo para ti, no está demasiado ocupado gobernando el universo o encargándose de los problemas de otros, como para no darte su atención completa y personal. Te ama con todo su corazón, y si algo es importante para ti, lo es también para él. (Romanos 8:38-39).

2. “QUE HA DADO A SU HIJO UNIGÉNITO”. EL GRAN REGALO.

“El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas”. (Romanos 8:32).

Cuando el grandioso Dios dio a Su Hijo estaba dando a Dios mismo, pues Jesús, en Su naturaleza eterna no es menos que Dios. Cuando Dios dio a Dios por nues- tra causa, se estaba dando a Sí mismo.

¿Quién puede medir este amor?

¿Cuál es el mayor regalo que usted ha recibido de Dios?

3. “PARA QUE TODO AQUEL QUE EN ÉL CREE”. LA GRAN INVITACIÓN.

¿Qué significa creer en Jesús?
Es, en primer lugar, que ustedes den su asentimiento firme y de corazón a esta verdad: que Dios envió a Su Hijo, nacido de mujer, para que se pusiera en el lugar de los hombres culpables, y que Dios volcó en Él las iniquidades de todos nosotros, para que Él recibiera el castigo merecido por nuestras trasgresiones, habiendo sido hecho maldición por causa nuestra.

Debemos creer de todo corazón la Escritura que dice: “el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.”

Ahora, ¿qué significa creer en Jesús? Es sencillamente esto: que ustedes se confíen a Él. Si sus corazones están listos, aunque nunca antes hayan creído en Jesús, yo espero que ustedes crean en Él ahora.

Fe en Jesús libra de la condenación. El pecado trae condenación. Eso está incluido en el paquete. No nos gusta que esté incluido en el paquete, pero así es. La paga del pecado es muerte. No nos gusta eso, pero está incluido allí.

Dios odia el pecado y condenará a los que persisten en vivir en pecado. Eso es lo que Dios mismo dice en su Palabra. Como dice el Salmo 5:5-6 “Los insensatos no estarán delante de tus ojos; Aborreces a todos los que hacen iniquidad. Destruirás a los que hablan mentira; Al hombre sanguinario y engañador abominará Jehová”.

Pero la fe en Jesús libra de la condenación. ¿Por qué? Nos contesta Pablo de Ro- manos 1:16 “Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego”.

Fe en Jesús salva, nos libra de la condenación. ¿Sabes cómo? Porque sola la fe nos une a Cristo. Él con su muerte, su sacrificio en la cruz paga la deuda ante Dios de todos los que creen en El. El pecado nos hace deudores ante Dios. Pero la “moneda” que paga la deuda es la muerte de Cristo a los que creen en El.

“El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios”. Juan 3:18.

4. “NO SE PIERDA”. LA GRAN LIBERACIÓN.

Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.

Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres. Juan 8:31,32, 36.

El supremo amor de Dios garantiza la libertad a todo el que lo acepte.

“El Espíritu del Señor está sobre mí, Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; A pregonar libertad a los cautivos, Y vista a los ciegos; A poner en libertad a los oprimidos”. Lucas 4:18.

Él es capaz de romper las cadenas y libertar totalmente a cualquier pecador que acepte la oferta.

La liberación de Dios se hizo realidad en el endemoniado gadareno. Marcos 5.1-20 y también en María Magdalena. Juan 8:1-11.

5. “MAS TENGA VIDA ETERNA”. LA MAYOR POSESIÓN.

Ninguna persona puede negar que la mayor posesión que tiene es la vida. Satanás estaba en lo cierto cuando dijo en Job 2:4: “Con tal de salvar la vida el hombre da todo lo que tiene”.

Las buenas noticias consisten en que la vida eterna tuya y mía, ya la compró Cristo en la Cruz y nos la ofrece gratis.

“El que tiene al hijo, tiene la vida eterna”. (1 Juan 5:11-12).

LLAMADO
¿Quieres vivir eternamente? Ven y recibe a Jesucristo en tu corazón.

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